martes, 20 de enero de 2009

CAPITULO PRIMERO: GENERALIDADES V

3. Corriente Eléctrica. La idea o el término 'corriente', está referido al transporte o movimiento de 'algo' a través del espacio. En física, se emplea del mismo modo que en otras áreas del saber. Por ejemplo, en ciertas regiones del océano es posible observar que hay grandes masas de agua moviéndose a través del mar. En tal caso, se habla de corrientes marinas. Por ende y análogamente, cuando se habla de corriente eléctrica, se esta refiriendo al movimiento de partículas cargadas a través de un medio o material.
En física, se le define como el flujo de carga eléctrica (electrones) que pasa por un cuerpo conductor, siendo su unidad de medida el Amperio. Este último, representa el número de cargas (coulombs = unidad básica de carga del electrón) por segundo que pasan por un punto de un material conductor.
La corriente eléctrica se clasifica en:
  • Alterna: El flujo de corriente en un circuito es llamado “alterno” si varía periódicamente en dirección;
  • Continua: El flujo de corriente en un circuito es llamado “continuo” si se produce siempre en una dirección.
Para entender mejor los conceptos repasados, se dirá lo siguiente: un material (por ejemplo, un sólido) está compuesto por átomos; a su vez, los átomos poseen electrones, quienes orbitan alrededor del núcleo del átomo. Pues bien, existen algunos electrones que no siempre están orbitando en torno a un mismo núcleo, sino que se mueven a través de los átomos del material. A estos electrones se les llama “electrones libres o de conducción”. Por lo tanto, las corrientes eléctricas se producen por el transporte y desplazamiento de los electrones libres o de conducción en un material que puede conducir electricidad.
Si un material posee electrones libres, entonces se dice que es un “conductor eléctrico”, ya que permite el paso de energía eléctrica. Es el caso de los metales, como el oro, la plata, el cobre, el aluminio y el hierro, así como distintas aleaciones metálicas, que son excelentes conductores y se emplean para realizar las partes activas de los circuitos eléctricos.
Por otra parte, si el material no posee electrones libres (es decir, no hay electrones que se puedan mover en el material), se dice que es un aislante eléctrico. Algunos de estos materiales son el aire, los plásticos, la goma, la porcelana y el vidrio. Se utilizan para proteger y aislar a las partes del circuito eléctrico por las que no se desea que circule la corriente eléctrica.

CAPITULO PRIMERO: GENERALIDADES IV

2. Carga Eléctrica. Conforme lo anteriormente referido, la carga eléctrica es una propiedad física intrínseca de algunas partículas, que las caracteriza y por la cual sufren la interacción electromagnética.
Dichos fenómenos no son ajenos al ser humano, sino que por el contrario, en mayor o menor medida, todos están familiarizados con ellos. Por ejemplo, si se frota un lápiz con la ropa, puede observarse que el lápiz atrae pequeños trozos de papel. Lo mismo ocurre cuando se frota vidrio con seda, ebonita con piel o ámbar con lana.
a. Dos tipos de carga. Para entender claramente a qué se refiere cuando se habla de carga eléctrica y sus tipos, se dará el siguiente ejemplo: primero, tome una vara de vidrio, frótela con seda y cuélguenla de un largo hilo de seda; luego, repita la operación con una segunda vara, para inmediatamente después ponerla cerca del extremo frotado de la vara colgada. Se verá que éstas se repelen, y lo mismo acontece si se frota una vara de ebonita con la piel.
Se explican estos hechos señalando que si se frota una vara, se le comunica carga eléctrica y, consecuencialmente, que las cargas en las dos varas ejercen fuerzas entre sí.
Sin embargo y para no entrar en confusiones, debe tenerse claro que los efectos eléctricos no se limitan a vidrio frotado con seda o a ebonita frotada con piel. Cualquier sustancia frotada con otra, si se dan las condiciones apropiadas, capta carga en alguna medida.
También, debe afirmarse categóricamente que no existen cuerpos electrificados que muestren comportamientos de otro tipo; es decir, no se observan cuerpos electrificados que atraigan o repelan, simultáneamente, las varas de vidrio y ebonita. Por tanto, si la materia atrae vidrio, repelerá la ebonita y, viceversa, si atrae la ebonita, repelerá el vidrio.
La conclusión lógica de tales experiencias es que sólo hay dos tipos de carga y que cargas similares se repelen y cargas diferentes se atraen.
Benjamín Franklin, como se vio al tratar la reseña histórica de la energía, denominó a las cargas eléctricas que aparecen en el vidrio como “positivas” y a las que aparecen en la ebonita, “negativas”.
b. Teoría del Fluido v/s Teoría Atómica.
Luego de múltiples investigaciones y experimentos, Benjamín Franklin descubrió que cuando se frotan dos cuerpos, uno de ellos se electriza positivamente, en tanto que el otro adquiriere, necesariamente, carga negativa. Por ende, cuando se frota vidrio con seda, aquél adquiriere carga eléctrica positiva y, por su parte, la seda se electrifica negativamente.
Con el propósito de advenir la exégesis que explique este hecho, Franklin formuló una teoría que intentara de dar una justificación del por qué de estos fenómenos. Así, concluyó que éstos se producen como consecuencia de la existencia de un "fluido eléctrico", el cual se transferiría de un cuerpo a otro. Afirma que un cuerpo no electrizado tendría una "cantidad normal" de fluido y que el frotamiento sería la causa de la transferencia. Por tanto, el cuerpo que recibiera mayor cantidad de “fluido”, quedaría electrizado positivamente, mientras que el que lo perdiera, quedaría electrizado negativamente. Así, conforme a estas ideas, no cabría hablar ni de creación ni de destrucción de carga eléctrica, sino únicamente de una transferencia de electricidad de un cuerpo hacia otro. Actualmente, se sabe que Franklin estaba parcialmente acertado, ya que con los conocimientos que referente a la “materia” se han adquirido, hoy se sabe que el proceso de electrización (al que se hizo referencia y que fue tomado como ejemplo) consiste en transferencia de carga eléctrica, pero no debido al “fluido” imaginado por Franklin, sino por el paso de electrones de un cuerpo hacia otro.
La moderna teoría atómica postula que toda materia está constituida, básicamente, por partículas, denominadas: protones, electrones y neutrones. Los protones poseen carga positiva, los segundos, carga negativa y los neutrones, que carecen de carga eléctrica.
Un cuerpo que no está electrizado, contiene el mismo número de electrones que de protones. Pero cuando se frota con otro cuerpo, se produce una transferencia de electrones de uno hacia otro; de ahí, que el cuerpo que presente exceso de electrones quedará cargado negativamente, mientras que el que los perdió presentará un exceso de protones, causante de que posea carga eléctrica positiva.
Como se dijo, debe aclararse que la denominación positivo y negativo es solo eso y que se aplica a una propiedad física intrínseca de la materia que se manifiesta a través de interacciones (repulsiones y atracciones). No es que los electrones y protones tengan algo positivo o negativo, sólo se trata de conceptos que facilitan el entendimiento, en parte, del fenómeno eléctrico.
La carga eléctrica se mide en culombios, según el sistema internacional de unidades. En las fórmulas físicas, suele representarse con las letras q o Q.
Finalmente, debe señalarse que la carga eléctrica se conserva. Esto quiere decir que en ningún proceso puede crearse o destruirse carga neta. Si bien pueden aparecer cargas eléctricas donde antes no la había, ello se producirá de manera que la carga total del sistema permanezca constante. Además, esta conservación es local y puede suceder en cualquier parte o región del espacio, por pequeña que sea.

CAPITULO PRIMERO: GENERALIDADES III

III. Naturaleza Física de la Energía Eléctrica
1. Introducción. La energía eléctrica constituye un tipo de energía que se basa en la creación de diferencias de potencial eléctrico entre dos puntos, posibilitando ello establecer una corriente eléctrica entre ambos referidos puntos. Gracias a una adecuada transformación, es factible la generación de energías denominadas “finales”, que son de uso directo en forma de calor, luz o movimiento, todo lo cual dependerá de los elementos de transformación de que se disponga y empleen para tales fines.
La energía eléctrica, en la naturaleza, sólo tiene esporádicas manifestaciones, siendo la más típica el rayo. No obstante ello, constituye una de las formas de energía de que el hombre es más dependiente, debido ello principalmente a sus múltiples usos y ventajas:
• Es limpia;
• Es convertible, lo que se manifiesta en sus facilidad para transformarla en otros tipos de energía, según las necesidades de los consumidores;
• Su cómoda y también fácil transportabilidad;
• La posibilidad de obtenerla y generarla a partir de otras fuentes energéticas, entre otras.
Sin perjuicio de todos los avances, conocimientos, experimentos e investigaciones realizadas en torno a la electricidad, su verdadera naturaleza aún no es comprendida. Empero, su virtud ya fue objeto de premonición por Franklin: “el fluido eléctrico… puede… ser útil a la humanidad”.
En lo relativo a la producción de energía eléctrica, ésta puede realizarse a través de diversas formas tecnológicas. Uno es el llamado “movimiento rotatorio”, por el que puede generarse corriente alterna en un alternador. Dicho movimiento rotatorio puede tener su origen en una fuente de energía mecánica directa, como la corriente de un río o del viento, o de un ciclo termodinámico. Este último consiste en el calentamiento de un fluido, por medio de lo cual se consigue que éste realice un circuito por el cual se pone en funcionamiento un motor o turbina. El calor necesario para la génesis de dicho proceso puede lograrse gracias a la quema de combustibles fósiles, reacciones nucleares, etcétera.
La generación de energía eléctrica importa una actividad humana básica, directamente relacionada con los requerimientos básicos y primarios de toda sociedad moderna. Sin embargo, gran parte de las formas de empleo de las fuentes de energía, ya convencionales, ya alternativas o no convencionales, generan un impacto negativo en el ecosistema, agrediendo y perjudicando en mayor medida el medio ambiente.
Siguiendo con las explicaciones y con la finalidad de entenderla fácilmente, podría afirmarse que la energía eléctrica se origina por el movimiento de cargas eléctricas, específicamente electrones, los que como se sabe son cargas negativas que giran en torno al núcleo de todo átomo, a través de un cable conductor. Toda vez que se enciende un interruptor, se crea un movimiento de millones de electrones, por la circulación que éstos realizan a través de un cable conductor metálico. Las referidas cargas que se desplazan, constituyen o forman parte de los átomos de que se compone el cable conductor. Los electrones se mueven del enchufe al electrodoméstico, (llámese este computador, refrigerador, lavadora, radio, televisión, etcétera) creándose un “tránsito” de energía entre estos dos puntos.
La energía eléctrica tiene la aptitud de hacer funcionar diferentes aparatos que se sirven de ella (de ahí la denominación eléctricos o electrodomésticos, del hogar) y puede convertirse, es decir, transformarse en otras manifestaciones de ella. Por ejemplo, cuando la energía eléctrica llega a una enceradora, se transforma en energía mecánica, calórica y, en algunos casos, luminosa. Lo mismo ocurre cuando se conecta un secador de pelo o estufa.

CAPITULO PRIMERO: GENERALIDADES II

II. Electricidad
1. Explicación. La electricidad consiste en un fenómeno físico creado u originado por cargas eléctricas estáticas o en movimiento y por su interacción, siendo su manifestación natural más imponente, el relámpago. Según la física, es el “agente fundamental constitutivo de la materia en forma de electrones (negativos) y protones (positivos) que normalmente se neutralizan. En el movimiento de estas partículas cargadas consiste la corriente eléctrica”. Toda vez que una carga se encuentra en reposo, ésta a su vez genera o produce fuerzas en otras cargas existentes, situadas inmediatamente a su alrededor. Si dicha carga circula o bien se desplaza, ello engendra, consecuencialmente, fuerzas magnéticas. Existen dos clases de cargas eléctricas: positivas y negativas. Entre ambas se genera una denominada “interacción eléctrica”, atendida la referida propiedad de la materia o “carga eléctrica”. Las cargas iguales se repelen, en tanto que las cargas que son de signo contrario, se atraen.
La electricidad puede encontrarse en algunas partículas subatómicas. Una de aquellas partículas, la más ligera y que lleva carga eléctrica se denomina “electrón”, que transporta una “unidad de carga”. Los átomos contienen electrones, y, generalmente, los que se hallan más distantes del núcleo, se “desprenden” sin mucha dificultad. Por ende, un cuerpo queda “cargado eléctricamente”, producto de la “reordenación de los electrones”. Normalmente, los átomos tienen iguales cantidades de carga eléctrica de signo positivo y negativo. Por lo tanto, se dice que es “eléctricamente neutro”. La porción de carga eléctrica que poseen los electrones del átomo, “negativas”, se dice estar estabilizada o equilibrada por la carga de signo “positivo” del núcleo. Por ende, si una materia contiene excedente de electrones, se dice que está cargado “negativamente”. Al la inversa, si un cuerpo carece de electrones, dicho cuerpo estará cargado “positivamente”, debido a las cargas eléctricas positivas del núcleo. Cuando se carga eléctricamente un cuerpo, no se está creando cargas en el material. La carga eléctrica no se crea ni se destruye; sólo se transfiere. Lo anterior es conocido como “conservación de la carga”.

2. Breve reseña histórica. Al manipular una piedra imán, el hombre descubrió en “fenómeno magnético”, el cual constituye una de las manifestaciones más curiosas de la energía eléctrica.
Dichas propiedades magnéticas y los primeros conocimientos adquiridos en torno a ella, se dice, se remontan a la edad de hierro. Plinio El Viejo (naturista romano) relaciona el término “magnetismo” a un pastor llamado Magnes. Lucrecio, -poeta romano-, en cambio, atribuía el concepto a “magnesia”, que era una antigua ciudad ubicada al norte de Grecia donde por primera vez se encontró la piedra imán o “magnetita”.
El fenómeno generado a partir del imán, inicialmente fue objeto de las más disparatadas explicaciones: algunos decían, entre ellos el emperador romano Claudio, que el imán atraía al hierro porque quería “alimentarse”; Descartes, con mayor imaginación, decía que el imán tenia miles de tornillos de tamaño infinitesimal, que rotaban constantemente, lo cual atraía los también diminutos e incontables orificios de la superficie del hierro.
Ya los griegos, con Tales de Mileto, descubrieron que, frotando vigorosamente una pieza de ámbar con la piel, inmediatamente eran atraídos pequeños partículas de polvo y plumas, manifestación que se conoce con el nombre de “electricidad estática”.
Gracias a la arqueología, se ha podido, en parte, determinar desde cuando el hombre comenzó a manipular la energía eléctrica. Este es el caso de la “Batería de Bagdad”, datado alrededor del año 250 A.C., similar a una celda electroquímica. Sin embargo, se ha encontrado evidencia física referente al modo en que ésta era empleada. También es posible distinguir, entre jeroglíficos egipcios, descripciones de artefactos que, supuestamente, representaban primitivos dispositivos eléctricos.
El primero en ocupar la palabra eléctrico, del latín eléctricus, fue el científico inglés William Gilbert, en su libro “De Magnete”, que publicó el año 1.600, la que, a su vez, deriva del griego elektron, que significa ámbar, a través del cual daba explicación a los fenómenos ya descubiertos por los griegos, estableciendo, paralelamente, las diferencias entre el magnetismo y la electricidad.
Otro experimentador, continuador de dichas investigaciones, fue el alemán llamado Otto Von Guericke quien, en el siglo XVII, construyó una esfera de azufre, montándola para que girase contra la mano del experimentador, la que una vez frotada atraían pequeños trozos de papel, creando un generador de electricidad estática.
Más tarde, en 1.675 el aristócrata, pensador y científico irlandés Robert Boyle afirmó que la atracción y repulsión de cuerpos puede producirse en el vacío.
Ya en 1.729, el físico e inventor de la lámpara Stephen Gray, descubridor de la conductividad, clasificó los materiales entre conductores y aislantes.
Charles François de Cisternay Du Fay, físico francés, demostró que existían dos tipos de carga eléctrica, positiva y negativa.
En 1.745, el físico y científico holandés, Pieter Van Musschenbroek inventó la “Botella de Leyden”, tipo de capacitor que almacenaba gran cantidad de cargas eléctricas.
En el siglo XVIII, el médico y físico británico, Sir William Watson, experimentó con la Botella de Leyden, averiguando el año 1.747 que una descarga de electricidad estática equivale a una corriente eléctrica.
En 1.752, Benjamín Franklin, político, filósofo, científico e inventor estadounidense, llevó acabo un ya legendario e imprudente experimento junto a su hijo, con el cual elevaron una cometa durante una tempestad, con la finalidad de probar que el relámpago era de naturaleza eléctrica. Producto de estas investigaciones, ideó el pararrayos. También propuso los nombres de positivas y negativas para las dos cargas opuestas. Además, mantuvo que la electricidad consistía en una especie de “fluido”, teoría que explicaba la presencia de ambos tipos de cargas.
Entre 1.785 y 1.786, Charles-Augustin de Coulomb, físico francés, describió en términos matemáticos como las cargas positivas y negativas se atraen y repelen mutuamente, dando lugar a la llamada “Ley de Coulomb”, postulando que la atracción y repulsión disminuyen rápidamente con la distancia y aumentan de igual manera cuando las partículas cargadas se acercan una a otra.
El físico y químico danés, Hans Christian Oersted, en 1.820, hizo un hallazgo científico dando una clase, al poner accidentalmente un alambre electrificado paralelo a una aguja magnética, la que respondió girando hasta colocarse perpendicularmente al alambre, apreciando que la electricidad había creado un campo magnético alrededor del alambre. Un año después del descubrimiento de Oersted, un físico francés, llamado André Marie Ampere (en cuyo honor se nombró el amperio) vio como un alambre eléctrico producía un efecto magnético en otro alambre eléctrico situado junto al primero, en tanto que alambres paralelos con corrientes paralelas, a su vez, se atraían.
En 1.830, diez años después del experimento de Oersted, Joseph Henry, físico estadounidense, y un año más tarde, en 1.831, Michael Faraday, físico y químico inglés, descubrieron que un campo magnético podía inducir una corriente momentánea, si el campo magnético se mantenía en movimiento.
En 1.780, el médico, físico y fisiólogo italiano Luigi Galvani, mientras estaba cargo de la cátedra de anatomía en la Universidad de Bolonia y fruto de un hecho fortuito ocurrido en su laboratorio, observó por primera vez los efectos de las corrientes eléctricas. Mientras disecaba una rana con un escarpelo de acero, uno de sus ayudantes hizo saltar una chispa de una máquina de electricidad estática, lo que produjo la repentina contracción de las patas del animal, fenómeno denominado “inducción electroestática”.
Los trabajos realizados en torno a la electricidad fueron seguidos por el profesor de física de la Universidad de Pavía, el físico italiano y conde Alessandro Volta, quien reveló que las reacciones químicas eran capaces de producir cargas positivas (ánodos) y negativas (cátodos). Cuando un conductor une estas cargas, la diferencia de potencial eléctrico (también conocido como voltaje) impulsa una corriente eléctrica a través del conductor; la diferencia de potencial entre dos puntos se mide en unidades de voltio, en reconocimiento al trabajo de Volta. De esta forma, se desarrollo la primera pila (de Volta), y generó, a su vez, la primera corriente continua de electricidad producida por el hombre.
En 1.821, el físico y médico estonio de origen alemán, Thomas Seebeck, advirtió que, si se aplicaba calor a la unión de dos metales diferentes, se producía una corriente eléctrica; en tanto que el fenómeno opuesto, lo observó Jean Peltier (relojero de profesión y físico francés), en 1.834, o sea, la absorción de calor mediante el paso de corriente en una unión de materiales, descubridor este último del efecto que lleva su nombre: “efecto peltier”.
En 1.827, Georg Simon Ohm, maestro de escuela alemán de matemáticas y física, formuló la llamada Ley de Ohm, dando una relación que liga la tensión entre dos puntos de un circuito y la intensidad de corriente que pasa por él, llegando así a una comprensión de la resistencia eléctrica. Sin duda, éste fue uno de los hechos históricos más importantes en lo que se refiere a la aplicación de la electricidad, pues es la resistencia la que transforma a la electricidad en calor, realizando así trabajo útil, pudiendo desarrollarse, una multiplicidad de aparatos domésticos, desde tostadoras a estufas, los que manejan este principio. Es más, por medio de esta ley se explica la luz eléctrica artificial, ya que fue el fenómeno de calentamiento por resistencia lo que le permitió a Thomas Alva Edison calentar un trozo de hilo carbonizado a una incandescencia al blanco vivo, en su invención de la bombilla eléctrica, construyendo, en 1.878, la primera lámpara incandescente con filamentos de carbono.
El físico prusiano Gustav Kirchhoff, en 1.862, expuso dos conjuntos de leyes fundamentales, llamadas Leyes de Kirchoff acerca de la distribución de corriente eléctrica en un circuito eléctrico con derivaciones, que constituye la teoría clásica de circuitos eléctricos y de la emisión térmica.
En 1.841, el físico británico James Prescott Joule creó una ley que señala la cantidad de calor que se genera en un conductor como consecuencia del paso de una corriente eléctrica.
En 1.844, Charles Wheatstone, científico e inventor británico, ideó un puente con el objeto de medir las resistencias eléctricas.
En 1.873, el físico británico James Clerk Maxwell, publicó su obra “Tratado sobre Electricidad y Magnetismo”, en donde, por primera vez, reúne en cuatro ecuaciones la descripción de la naturaleza de los campos electromagnéticos, unificando por medio de éstas todos los fenómenos eléctricos hasta entonces conocidos, fundiendo gracias a sus matemáticas, los trabajos de Coulomb, Oersted, Ohm, Henry, Faraday y Ampere.
El físico alemán Heinrich Rudolf Hertz extendió esta teoría y comprobó la posibilidad que la electricidad pueda transmitirse como ondas electromagnéticas, como la luz. Gracias a sus investigaciones, se logró la invención del telégrafo sin cables y la radio.
En 1.882, el físico servio, Nikola Tesla, experimentó con alto voltaje y corriente alterna polifásica, inventando el alternador y el primer motor de inducción.
En 1.872, el químico inglés sir Williams Crookes, gracias a los trabajos desarrollados por el físico alemán Johann Wilhelm Hittorf, inventó el tubo de rayos catódicos. Valiéndose de un tubo de Crookes, el físico alemán Wilhelm Conrad Röntgen descubrió, el 8 de Noviembre de 1.895, los rayos X. El científico británico y premio Nobel de física, Joseph John Thomson, mientras realizaba investigaciones en torno al flujo de rayos catódicos, vislumbró el electrón, hacia el año 1.897.
En 1.906, el físico estadounidense Robert Andrews Millikan, determinó la carga del electrón por medio de su experimento, denominado "la gota de aceite".

CAPITULO PRIMERO: GENERALIDADES I

I. La Energía
1. Etimología y Concepto. En griego energeia, derivación de energêo, compuesto de en, en, y ergon, obra. Energêo vale tanto como in opere sum, estoy activo, agitado, trabajando interiormente, causando efectos; y energía vale lo mismo que eficacia, gran actividad, fuerza interna .
Esta palabra “energía”, que originalmente significa “trabajo” en griego, fue propuesta por un médico y físico inglés, llamado Thomas Young, ya hacia el año 1.807, época en el que ingresó por primera vez al vocabulario científico. Este definía energía como la “capacidad para efectuar trabajo ”.
En términos amplios, “trabajo” significa la aplicación de un esfuerzo para realizar una tarea.
En un sentido más restringido o exacto, supone la “aplicación de una fuerza”; y la ciencia agrega un aspecto: “aplicación de la fuerza a través de la distancia”. Es la fuerza de cierta cantidad de gramos, kilos o toneladas que tiran, empujan o levantan un objeto a través de un número determinado de centímetros, metros o kilómetros. Dicho de otro modo, trabajo es energía hecha tangible.
Finalmente, otras definiciones elevan a la energía a la calidad de ser la “causa capaz de transformarse en trabajo mecánico ”.
2. Clasificación de Energía. La energía -en forma de trabajo- tiene múltiples manifestaciones, existiendo en la actualidad un grupo de formas (las más importantes, entre muchas otras) estrechamente ligadas entre sí, intercambiables o transformables unas en otras: mecánica (producto de la fuerza por el desplazamiento) radiante o luminosa (la que es trasportada por la luz), calorífica, hidráulica, nuclear (la cual resulta de la equivalencia de masa y energía), química (en base a reacciones de compuestos y sustancias químicas) y eléctrica (ligada al movimiento de los electrones). Es precisamente esta última en la este análisis se detendrá a profundizar.

INTRODUCCION

§ De la Filosofía del Derecho hacia el Objeto del presente estudio
Para Santo Tomás de Aquino, la naturaleza de las cosas incluye todo lo que existe en este mundo; para Aristóteles, a la que llamó teoría de la entelequia, son “las formas originarias que están activas en un ser para configurarlo y que lo impulsan a realizar causas primeras dirigidas finalísticamente, principios formantes y constitutivos, fuerzas de ordenación y de desarrollo, tendencias prospectivas de dirección autónoma, potencias guiadoras de una estructura total, o como quiera que uno desee llamar esa conexión, tan difícil de concebir(…)”; para Radbruch, se trata de datos de una realidad objetiva, concreta. Ya filosóficamente, a esta corriente doctrinaria se le sitúa como fuente fundamental del Derecho, del que indirectamente debe informarse el Derecho positivo, que es de carácter informal, real o material, y que se define como los cimientos de todo orden jurídico que están constituidos por una realidad dada. También se ha dicho que esta teoría busca delimitar a la ciencia jurídica, declara las condiciones de la actividad legislativa y judicial, y denunciar el grado de vigencia del Derecho positivo, señalando la frontera a respetar por el Derecho .
Desde el punto de vista jurídico, el concepto de naturaleza de las cosas, consiste en que el Derecho operativo debe considerar la realidad ontológica en que vivirá o concretará, de la cual descansa y, a la vez, se alimenta.
Sea cual fuere la concepción que se adopte, existe un principio ineludible. El Derecho no puede escapar de lo que en esencia se sirve, sino se desvirtúa; se nutre del ser, de lo que perciben sus sentidos, parametrando su accionar y subyaciendo en su espíritu.
Aquella fue la base que inspira el objeto principal del presente estudio. En principio, otra institución ocuparía el lugar, hasta que del examen en contexto del ordenamiento jurídico general se constató un vacío, omisión que se estima del todo inexcusable. Fue un concepto, una definición, la cual impidió materializar cualquier otro tipo de tema. Lo que impulsó este trabajo fue precisamente una noción, captada por el Derecho natural evolutivo, pero no así por el Derecho positivo estático, una idea en que descansa un Derecho especializado, esto es, el Derecho Eléctrico. Por otra parte, se halló una realidad doctrinaria, caracterizada por una falta de atención en abordar el tópico, limitándose a dar una pincelada general y carente del profundo tratamiento que merecía.
Otra razón fue su importancia, indispensabilidad, la dependencia casi absoluta del hombre respecto de ella, la crisis que vive Chile en lo relativo a la escasez de fuentes de generación y la fluctuante relación que posee con los países productores de la región, privándoselo en casos extremos mediante alianzas estratégicas, abiertamente perjudiciales y atentatorios del interés nacional; restringiéndolo en otras circunstancias, argumentando el aseguramiento del abastecimiento local por el país productor; y, en casos más extremos, siendo utilizado como moneda de cambio, a fin de solucionar problemas históricos e internos en que han caído por si mismos, producto de manipulaciones políticas o mezquinos intereses y objetivos electorales que de vez en vez ponen el asunto en el tapete, pasando a jugar un rol de importancia dentro de la agenda internacional.
Es así como se emprendió camino hacia aquel norte que inspiró aquella búsqueda: saber qué es la energía eléctrica, su origen e historia, su meteórico posicionamiento e importancia en el mundo, su etimología y conceptualizaciones. De ahí, es que se interiorizará tanto en lo que dice la ciencia física, como asimismo, en el esquema general de la regulación jurídica eléctrica vigente en Chile, su evolución histórica y órganos que intervienen. Se verá que pocos, pero notables juristas le abrieron una pequeña ventana, lo que, sin embargo, permitió crear todo un compendio teórico, que sienta las bases y estructura los capítulos que le siguen, lo que ayudó también a la sistematización global y la concreción de las conclusiones aquí vertidas, todas piezas de un gran puzzle en donde la imagen estaba representada por el título de esta obra, y sus pequeños e innumerables trozos, por las múltiples y breves referencias que, referente al particular, fueron minuciosamente recopiladas, físicas como también virtuales, y convertidas en un conjunto armónico y coherente, que expone y concluye, que desarrolla y responde, que se relaciona y justifica la denominación de este análisis.